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Historia de relaciones

El primer contacto entre los habitantes de la Península Ibérica y las tierras checas existió probablemente ya en el siglo noveno. La supuesta princesa checa Dobroslova, pupila del príncipe Borivoj y Santa Ludmila fue prometida al príncipe de Aragón por el arzobispo Metodio. En su camino hacia Aragón su comitiva fue atacada por tropas árabes que en ese momento dominaban la mayor parte de la Península Ibérica. Dobroslava al negarse a aceptar el islam fue martirizada en una cueva cerca de la ciudad de Yebra. Posteriormente sus restos fueron trasladados a una iglesia en la ciudad de Jaca y Dobroslava fue proclamada santa. Hasta hoy la princesa es considerada de origen checo, en España se la conoce como Santa Orosia, la patrona de Jaca y cada 25 de junio tienen lugar las celebraciones en su honor.

El siguiente contacto tuvo lugar según las fuentes históricas en el siglo décimo cuando el comerciante aparentemente judío Ibrahím ibn Jakúb del Al-Andalus, encargado del califa de Córdoba,  visitó Praga en el marco de sus viajes comerciales a través de Europa y más tarde anotó las experiencias de Bohemia y la ciudad "Frága" en sus escritos. Según su descripción, Praga fue en ese momento una impresionante ciudad edificada de piedra y cal y un importante centro de comercio. Es una lástima que su obra se conservó únicamente en forma de fragmentos guardados en obras de otros autores.

Otro contacto histórico con España representa el viaje diplomático de uno de los más importantes nobles checos, Lev de Rožmitál, en el siglo quince encabezando la delegación de su cuñado el rey checo Jorge de Poděbrady. Lev llegó en su camino hasta el famoso lugar de peregrinación de Santiago de Compostela y el entonces conocido fin del mundo Cabo Finisterre. Las aventuras se relatan en uno de los más antiguos testimonios de viajes checos escrito por el miembro de la comitiva, Václav Šašek de Bířkov,  “Diario del viaje y peregrinación del señor Lev de Rožmitál y Blatná de Bohemia hasta el fin del mundo”.

Durante los siglos 16. y 17. los países checos y España pertenecían a la monarquía de los Habsburgo. El Emperador Rodolfo II, una de las figuras más conocidas de esta época,  se educó en la corte española. Durante su reinado mandó construir en el Castillo de Praga una magnífica sala destinada a su enorme colección de esculturas. Dado que se encuentra situado por encima de los antiguos establos, donde el emperador guardaba el caballo de excepcional raza española, lleva el nombre de Sala española. Hoy es sede para actos oficiales, conciertos y  reuniones especiales de alto nivel. Vale la pena mencionar que el protocolo ceremonial de la corte española establecido por el Emperador Carlos V fue válido en el Imperio austríaco hasta su fin en 1918, o sea hasta la creación de la Checoslovaquia.

Desde el siglo 17 el país de Bohemia está unido con España también gracias al Niño Jesús de Praga guardado en la Iglesia de Nuestra Señora de la Victoria que hoy día pertenece a los más importantes monumentos histórico-culturales y atracciones turísticas de Praga. Según consta, la figura fue fabricada por un monje a quien se le apareció Jesús en su etapa infantil. Según otra leyenda, la figura pertenecía a  Santa Teresa de Jesús que la donaría a la hija de su amiga para que la acompañra en  su viaje a Praga. En realidad, la imagen la trajo a Bohemia en 1556 la noble española María Manrique de Lara y Mendoza quien la entregó como regalo de bodas a su hija Polixena, esposa del canciller Zdenek Popel de Lobkovice, y en 1628 la donó al Monasterio de las Carmelitas Descalzas. La Iglesia de Nuestra Señora de la Victoria en la calle Karmelitská en Malá Strana fue reconstruída gracias a la financiación de un noble español Baltasar Marradas, mariscal de campo de las tropas imperiales, el general de Praga y vicegobernador checo durante la Guerra de los Treinta Años. La representación infantil de Jesús es muy venerada en los países de habla hispana (América Latina, Filipinas), pero su fama va más allá. Todos los días el Niño Jesús atrae a cientos de visitantes de todo el mundo que creen en sus poderes milagrosos.

En los años 30 del siglo 20, Checoslovaquia inspirada por los principios morales de su primer presidente, filósofo Tomas Garrigue Masaryk, se convirtió en un importante asilo para los refugiados de toda Europa, que huyeron de la represión de las dictaduras emergentes. Al comienzo de la guerra civil española el país otorgó el asilo a un gran número de españoles, entre ellos al propio Rey Alfonso XIII de España quien pasó algún tiempo en la pequeña ciudad balnearia checa de Sedmihorky. Al mismo tiempo, más de 2.000 interbrigadistas checoslovacos participaron en los enfrentamientos contra las tropas rebeldes del general Franco directamente en España.

Después de la Segunda Guerra Mundial Checoslovaquia se convirtió en un lugar de exilio para políticos españoles de izquierda. Entre los exiliados estuvieron el ministro de agricultura y posteriormente del gobierno republicano en el exilio y alto funcionario del Partido Comunista de España, Vicente Uribe, y los generales republicanos, Juan Modesto y Antonio Cordón García. El último mencionado luego contribuyó significativamente con su trabajo en la Facultad de Filosofía de la Universidad Carolina de Praga al desarrollo de Estudios Hispánicos en Checoslovaquia.

En la posguerra destaca entre otro el papel importante de la exposición de pintura que se celebró en 1946 en Praga, por iniciativa del embajador checoslovaco en París Adolf Hoffmeister. Fue un evento crucial que influyó en el siguiente desarrollo de bellas artes checas y eslovacas y en el que fueron presentados los representantes españoles de la pintura del arte moderno, como Pablo Picasso, Óscar Domínguez, Antoni Clavé y otros. Algunos de ellos participaron personalmente en la inauguración y también fueron recibidos por el presidente Edvard Benes. Se trató sobre todo de los exiliados republicanos que vivían en Francia y se negaron contactar con la España franquista.

Las relaciones mutuas comenzaron a profundizarse sobre todo al acabar la Guerra Fría y al caer el régimen comunista en la Europa Central, a finales de los años 80. En la actualidad, ambos países comparten los valores del sistema democrático, el Estado de Derecho y la constante defensa de los derechos humanos. Cooperan significativamente en las esferas políticas, económicas, culturales y académicas. Lo pone en evidencia no sólo la presencia visible y apreciada del Centro Checo, del CzechTourism y CzechTrade en Madrid o de la delegación del Instituto Cervantes de Praga, sino también la existencia de institutos checo-españoles en la República Checa, el incremento de los estudios hispánicos en muchas universidades checas, así como los cursos de los lectorados checos en las universidades españolas. Asimismo crece la cooperación en el ámbito de las innovaciones y el desarrollo tecnológico, cuyos primeros resultados ya se dan a conocer: por ejemplo el primer invento del láser de borano del mundo podría en el futuro permitir la producción de láseres más económicos y ecológicos.

Por último, no podemos olvidar el papel crucial que desempeña el turismo en el acercamiento de nuestros países. Los checos saben disfrutar de las playas españolas y los españoles optan cada vez más a visitar Praga y otras ciudades checas como destino de sus viajes con programa cultural y de relax.